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Especializados en el Síndrome de Sensibilidad Central: migraña, fibromialgia y fatiga crónica.

Intolerancia alimentaria. Histaminosis crónica. Déficit de DAO.

 

Introducción

A menudo pacientes diagnosticados de migrañas, cefaleas o fibromialgia presentan además síntomas digestivos acompañantes como: dolor abdominal, hinchazón de abdomen, gases, flatulencia, acidez, estreñimiento y/o diarreas, digestiones lentas o pesadas,  o incluso sobrepeso u obesidad. Otras veces estos síntomas digestivos se presentan solos. Normalmente en estos pacientes los estudios realizados por especialistas en aparato digestivo son rigurosamente normales, descartándose una patología orgánica de base del tubo digestivo que pudiera explicar los síntomas, y siendo diagnosticados frecuentemente de “intestino irritable”, “dispepsia”, “digestiones lentas”, “intestino vago o perezoso” o “hernia de hiato”.
En nuestra experiencia y según nuestros estudios podemos afirmar que en estos pacientes existen mecanismos inmunoalérgicos que pueden explicar estos síntomas. En su mayor parte, se deben a una sensibilización a determinados alimentos o alérgenos, que les estarían provocando estos síntomas al activar una respuesta inmunológica sobre todo a nivel intestinal. Son pacientes que han perdido los mecanismos de tolerancia inmunológica y presentan por tanto alergias o intolerancias a determinados alimentos o parte de los mismos.

 

Historia

Desde la antigüedad son conocidas las reacciones adversas producidas por alimentos. Ya en el 2500 A.C. con la Medicina China (Sheng-Nung), posteriormente con la Medicina asirio-babilónica (1750 - 562 A.C.), pasando por la Medicina de Egipto (2000 - 1200 A.C.), y hasta llegar a la Medicina griega.

Entre los griegos cabe destacar a Asclepio y a Hipócrates, quien fundó la Escuela Hipocrática. A través de sus estudios consiguió recopilar todo el saber de la medicina de los siglos anteriores en el Corpus Hipocraticum. En alguno de sus escritos, como el Tratado del pronóstico y Aforismos, a parte de describir por primera vez el asma, del que cita sus síntomas, se describen reacciones adversas a alimentos, concretamente a la leche de vaca (1).

Posteriormente con el esplendor de la civilización romana, el primer Emperador de Roma, Augusto (27 A.C.  14 D.C.), sufría desde su niñez bronquitis, eccema y colitis, síntomas que parecen indicar una más que probable intolerancia o alergia a alimentos (2).

Galeno de Pérgamo, que llegó a ser médico personal del emperador Marco Aurelio (s. II D.C.), describe también la patología producida por la leche de vaca.

Pero no es hasta el s. XVI cuando encontramos en la literatura médica un cuadro clínico de anafilaxia atribuída a la ingesta de huevo, que es descrito por primera vez por Marcello Donati y posteriormente en el s. XVII por Philipp Sachs pero en esta ocasión producido por la ingesta de pescado (3).

Y así sucesivamente y sobre todo a lo largo del siglo XX se incrementan las publicaciones sobre reacciones producidas por alimentos: Moro, en 1906, describe reacciones producida por la leche de vaca y anticuerpos precipitantes para la misma; Piness y Millar, en 1925, para huevo; De Besche, en 1937, describe reacciones con el pescado como antígeno alimentario y por inhalación. A finales del siglo XIX y principios del XX es cuando se delimitan los conceptos de anafilaxia, alergia y atopia y se les supuso una base inmunológica.

Vemos, por tanto, cómo a lo largo de los años se han ido describiendo una mayor variedad de manifestaciones clínicas atribuidas a los alimentos: síntomas respiratorios, cuadros cutáneos, síntomas gastrointestinales, trastornos hematológicos, etc. Un amplio abanico de síntomas y cuadros que van desde los más leves como el Síndrome de Alergia Oral (SAO) hasta los más graves, como el shock anafiláctico, que puede tener un desenlace fatal.

Dada la importancia que estos cuadros han ido adquiriendo, no es de extrañar que el esfuerzo del médico se haya centrado en encontrar el alimento o el componente del mismo implicado en estas reacciones. Pero en ocasiones esto puede ser bastante complicado, ya que, a veces, son muchos los compuestos o nutrientes que forman el alimento y porque, además, éstos se nos pueden presentar bajo aspectos distintos, enmascarados u ocultos (6, 7).

En un principio, el diagnóstico de estos cuadros se basaba en la sospecha del alimento implicado mediante la historia clínica y la realización de dietas de exclusión y reintroducción del mismo, con el riesgo que esto podía suponer para el paciente. No existían por tanto unos parámetros objetivos que pudieran ayudar a los clínicos en tan ardua tarea. Y no será hasta el siglo pasado, cuando se producen avances, a raíz de importantes descubrimientos, que provocarán un antes y un después en el diagnóstico de estas enfermedades producidas por los alimentos. Con estos descubrimientos, se abre el camino para entender algunos de los mecanismos por los que se producen las reacciones alérgicas y se empiezan a desarrollar las primeras técnicas de diagnóstico in vitro de estas enfermedades. Algunas de ellas nos dan información sobre la reacción antígeno-anticuerpo: medición de IgE sérica, IgE específica o IgG; otras, sirven para medir los mediadores que se liberan en estas reacciones: Test de liberación de Histamina, Determinación de Triptasa o Leucotrienos, Test de activación de basófilos, etc.

Todos estos avances científicos, fundamentados en gran parte en la observación clínica de los pacientes a lo largo de los siglos, han contribuido de manera muy importante para lograr un mayor conocimiento de las enfermedades producidas por alimentos. Al mismo tiempo, se han abierto nuevos e interesantes interrogantes como son: conocer los fenómenos de reactividad cruzada y el papel que los denominados panalérgenos; entender cual es el mecanismo por el que algunos alimentos provocan determinadas enfermedades; o seguir investigando para conseguir nuevas y mejores técnicas diagnósticas. Esto permitiría llegar hasta el diagnóstico molecular de las intolerancias alimentarias, estableciendo posibles perfiles de sensibilización y, quizás en un futuro, desarrollar terapias individualizadas, hechas a la medida de cada paciente.

(Texto extraído de la Introducción de la Tesis doctoral del Dr. Oscar Cáceres)


 

BIBLIOGRAFÍA:

1. Cohen SG., Saavedra-Delgado AM. Through the centuries with food and drink, for better or worse. Allergy Proc 1989; 10:281-290.
2. Montanelli I. Historia de Roma. Plaza-Janes Edit. 1994, 231.
3. Harper DS. Footnotes on Allergy. Uplands Grafiska A.B. Upsala, 1980, 52.
4. Kidd JM III, Cohen SH, Sosman AJ, Fink JN. Food-dependent exercise-induced anaphylaxis. J Allergy Clin Immunol 1983; 71:407-11.
5. Orenstein SR, Shalaby TM, Di Lorenzo C, Putnarn PE, Sigurdsson L, Kocoshis SA. The spectrum of pediatric eosinophilic esophagitis beyond infancy: a clinical series of 30 children. Am J Gastroenterol 2000; 95: 1422-1430.
6. Scheibe B, Weiss W, Rueff F, Przybilla B, Gorg A. Detection of trace amounts of hidden allergens: hazelnut and almond proteins in chocolate. J Chromatogr. Biomed Sci Appl. 2001; 756:229-237.
7. Enrique E, Cistero-Bahima A, Alonso R, San Miguel MM. Egg protein: a hidden allergen in candies. Ann Allergy Asthma Immunol 2000; 84(6):636.

 

Mecanismos de producción

Las reacciones adversas a alimentos, conocidas también como intolerancias, no son más que un conjunto de procesos por los cuales la ingesta de un alimento ocasiona síntomas indeseables en un individuo, generalmente estos síntomas son crónicos. Existen reacciones con mecanismos de producción bien conocidos  y que vamos a comentar brevemente:

     a) Alergia alimentaria: Reacción adversa con base inmunológica, que se produce tras la ingesta del alimento; se diferencian dos mecanismos implicados, por un lado la unión de anticuerpos IgE frente a las proteínas del alimento, y por otro, las reacciones producidas por una respuesta inmune celular frente al mismo. Se habla de “sensibilización” cuando se puede demostrar la existencia de anticuerpos IgE frente a un alimento; pero esto no es equivalente a tener síntomas alérgicos, diferenciándose por tanto de la verdadera “alergia a alimentos”.  Normalmente la reacción inmunológia provocada suele ser inmediata tras la ingesta del alimento desencadenante, o al menos sucede a las pocas horas (periodo digestivo). Desde hace unos años, y gracias al desarrollo de las técnicas de biología molecular, contamos con un mayor conocimiento de las proteínas que actúan como alérgenos de una gran variedad de alimentos. Se han caracterizado numerosas familias de proteínas y se ha comenzado a hablar a principios de los 90 de los denominados panalérgenos. Con el conocimiento de su estructura molecular, hemos podido comprender mejor fenómenos como el de la reactividad cruzada que se produce entre distintos alimentos, o entre alimentos y pólenes. Con todo esto se habla ya de los “perfiles de sensibilización” de los pacientes, de tal forma que ya no sólo interesa conocer a qué alimento es alérgico un individuo, sino que interesa conocer exactamente a qué proteínas del mismo está el paciente sensibilizado. Ese perfil de sensibilización nos puede dar información sobre el riesgo de padecer una determinada sintomatología o si presenta un riesgo mayor de sensibilizarse a otros alimentos. Los síntomas suelen ser los típicos del enfermo alérgico: angioedema, urticaria, diarreas, vómitos, asma bronquial, anafilaxia, etc. La prevalencia de la alergia alimentaria está aumentando en los últimos años, y se estima según los últimos estudios en torno al 2,4% en los adultos pudiendo llegar hasta el 7,5% en los niños.

    
     b) Intolerancia al gluten: Más comúnmente conocida como celiaquía o enfermedad celiaca. Es una reacción adversa con base inmunológica caracterizada por una inflamación crónica del intestino causada por la exposición a la gliadina, una proteína vegetal de algunos cereales en la dieta. La gliadina es uno de los componentes del gluten (proteína presente en el trigo, centeno, cebada y posiblemente la avena). Al ingerir gliadina, el sistema inmunológico del individuo hace una reacción cruzada en contra del intestino delgado, causando una reacción inflamatoria que provoca atrofia de las vellosidades que recubren el intestino e interferencias en la absorción de nutrientes. Se trata de una reacción muy específica a una proteína presente en algunas harinas de cereales, la gliadina, especialmente abundante en la harina de trigo. Es un trastorno que puede aparecer en personas de todas las edades. Los síntomas incluyen diarrea crónica, retraso del crecimiento y/o del desarrollo infantil, fatiga, erupciones en la piel, pérdida de peso, cambios en el carácter, vómitos y vientre hinchado. Se estima que esta enfermedad afecta al 1% de la población de lenguas indo-europeas, aunque se piensa que está infradiagnosticada.

     c) Intolerancia a la lactosa: La intolerancia a la lactosa es una reacción adversa alimentaria no inmunológica y de base enzimática. Afecta a las vellosidades intestinales debido a que el organismo produce poca o ninguna cantidad de la enzima lactasa, lo que imposibilita  la correcta metabolización de la lactosa o «azúcar de la leche». Puede ser una enfermedad congénita o adquirida y a su vez temporal o permanente. En algún caso es muy importante la herencia genética. La sintomatología suele ocurrir tras la ingesta de lácteos o productos que la contengan, siendo los más frecuentes los cólicos, el hinchazón abdominal, la flatulencia o las diarreas, pudiendo llegar a producir en algunos individuos malnutrición. La prevalencia de esta enfermedad en nuestro medio se estima en torno al 10%, aunque cada vez se observan más casos de personas mal diagnosticadas.


Estos tres ejemplos de reacciones adversas a alimentos, aunque son bien conocidos, sólo representan un pequeño porcentaje del total de las intolerancias alimentarias. Los alimentos son responsables de una gran variedad de síntomas desencadenados por mecanismos diferentes a los anteriormente expuestos y no siempre bien conocidos. Además en una misma persona se pueden dar varios mecanismos distintos de intolerancia alimentaria.

Aunque se venía estudiando desde hace años, recientemente ha sido descrito por nuestro grupo de investigación un nuevo mecanismo de intolerancia alimentaria. Según nuestros estudios se puede considerar el principal mecanismo de producción de estas reacciones adversas provocadas por alimentos. Se estima que más de la mitad de la población que presenta síntomas provocados por la ingesta de alimentos son desencadenados por este mecanismo denominado Histaminosis Crónica.

 

 

 

 

Síndrome de Histaminosis Crónica  (SHC)

La histamina es una amina biógena que desempeña un papel fundamental en nuestro organismo. Regula un sin fin de funciones fisiológicas actuando a través de los distintos receptores para la histamina que presentan todos los órganos y tejidos de nuestro cuerpo. Es también un importante mediador a nivel del sistema inmunológico, interviniendo en una gran variedad de reacciones cuando éste se activa por distintas causas. Y además desempeña un papel primordial en el sistema nervioso central donde actúa como neurotransmisor y neuromodulador, regulando muchas funciones a este nivel. Las células que contienen la histamina son fundamentalmente los mastocitos y los basófilos, y en menor cantidad aunque no menos importante las neuronas y las células del endotelio vascular. En la actualidad existen varios tipos de receptores donde actúa la histamina, siendo el funcionamiento de muchos de ellos por ahora desconocido. Entre las funciones que desempeña están la regulación de los ritmos biológicos, de la temperatura corporal, de la ingesta alimentaria, del manejo de liquidos, del ciclo vigilia-sueño, del estrés. Asimismo interviene a nivel cardiovascular y en la regulación de hormonas del tiroides, hormonas del crecimiento y las implicadas en el ciclo menstrual y en la reproducción, entre otras. Regula además funciones cognitivas (aprendizaje y memoria), funciones emocionales (depresión, tristeza y ansiedad), funciones motoras (actividad y fatiga muscular), funciones sensoriales (dolor), … y otras que se van descubriendo conforme aumenta el conocimiento de esta molécula.

 

Por tanto, la histamina puede actuar a nivel central y a nivel de distintos órganos periféricos. Por diferentes causas, en algunas personas se produce una elevación mantenida de esta sustancia. A este estado se le denomina Histaminosis. Cuando es crónico y se mantiene en el tiempo puede llegar a provocar un cuadro clínico conocido como Síndrome de Histaminosis Crónica (SHC). Los pacientes afectados presentan a menudo una gran variedad de síntomas como:  dolor de cabeza, dolores musculares o articulares, cansancio e intoleracia a los esfuerzos, trastornos en la memoria,  trastornos del sueño, alteración en el manejo de líquidos con sequedad de piel e hinchazón,  trastornos en la regulación de la temperatura con frío persistente o calor, vertigos, y alteraciones digestivas que van desde el estreñimiento a las diarreas, pasando por digestiones pesadas, distensión abdominal, imposibilidad de perder peso, y mal aliento o babeo, entre otros síntomas.  

 

La histaminosis según su origen puede ser provocada por causas:

EXÓGENAS:

Histaminosis tóxica (un exceso de aporte de histamina)

Histaminosis por déficit de su metabolismo (Déficit o inhibición de Diamino oxidasa o DAO)

 

ENDÓGENAS:

Histaminosis aguda o de causa alérgica (aumento explosivo y poco duradero de la cantidad de histamina secundario a la respuesta inmunológica desencadenada por un mecanismo alérgico)

Histaminosis crónica (aumento lento, gradual y duradero en el tiempo de la cantidad de histamina secundario a la respuesta inmunológica desencadenada por distintos estímulos)

 

La histaminosis crónica es sin duda el mecanismo más frecuente de elevación de histamina. Los pacientes afectados por este mecanismo presentan, en la mayoría de los casos, una sensibilización a diferentes estímulos (alimentos, olores, ruidos, neumoalérgenos, químicos, etc). Cuando entran en contacto con los mismos, se desencadena una respuesta inmunológica no mediada por anticuerpos, que da lugar a la activación de las células implicadas y a la posterior liberación de la histamina por parte de las mismas.

 

Cómo saber si se está afectado de SHC

Usted puede ser el/la primero/a en sospechar si está afectado/a…

 

Ha de observar si padece 2 o más de los siguientes síntomas:

- Dolor de cabeza (migraña, cefalea)

- Dolor de espalda o contracturas

- Deshidratación de discos intervertebrales

- Dolor por presión

- Cansancio

- Piel seca y/o dermatitis o picor cutáneo

- Digestiones lentas o pesadas

- Hinchazón abdominal o generalizado

- Estreñimiento y/o diarrea

- Obesidad no justificada por hábitos alimentarios

- Alteraciones de la memoria

- Alteraciones de temperatura

- Acúfenos

 

O si ha sido diagnosticado/a de Migraña o Cefalea crónica, Colon irritable, Fibromialgia o Fatiga crónica y presenta además alguno de los síntomas anteriores (que no sean los propios de su enfermedad). 

 

 

Protocolo de estudio

La experiencia adquirida durante años en la investigación de estas patologías hace de SHC Medical una unidad de referencia en el estudio de estas enfermedades. Esto lo avalan los más de 10.000 pacientes tratados en los últimos 7 años, y la experiencia clínica acumulada por nuestro equipo multidisciplinar de especialistas con sus puntos de vista complementarios. Durante estos años hemos desarrollado protocolos de estudio propios, que se adaptan a cada paciente, con pautas individualizadas de diagnóstico, tratamiento y seguimiento.

 

Todos nuestros pacientes son valorados por los distintos médicos especialistas del centro, trabajando en equipo perfectamente coordinado, abordando el problema desde distintos puntos de vista, lo que ayuda a mejorar la eficacia tanto en el diagnóstico como en el tratamiento que cada paciente necesita. Los casos más complejos son presentados en sesiones clínicas periódicas, a las que se incorporan otros especialistas para aunar esfuerzos en el estudio, compresión y resolución del problema que presenta el paciente. Esta manera de funcionar ha propiciado el desarrollo de distintos protocolos y terapias  propias, que han demostrado su eficacia y han convertido a SHC Medical en un centro altamente especializado en el estudio de enfermedades producidas por alimentos, situándolo a la vanguardia en un campo tan sumamente complejo. 

 

 

Tratamiento especializado

El paciente es valorado al inicio  y, según los síntomas que presenta, es incluído en un protocolo específico y propio, donde si es conveniente y según los casos, se le propondrán diferentes posibilidades terapéuticas.

 

Uno de los posibles tratamientos consiste en una dieta terapéutica, que es siempre personalizada. Ésta consiste básicamente en eliminar minuciosamente de la dieta habitual del paciente aquellas proteínas a las que es intolerante.

 

Para ello se tienen en cuenta muchos factores, siendo uno de los más importantes la reactividad cruzada existente entre proteínas de alimentos parecidos e incluso entre alimentos de distintas familias. Todo ello se da junto con unas medidas o instrucciones higiénico-dietéticas que ayudan a que el paciente realice la dieta propuesta de manera correcta.

 

En algunos casos o cuando han fracasado otros tratamiento, se pueden realizar desensibilizaciones fármaco-alimentarias. Para ello se ingresa al paciente unos 4 días y se realizan cambios en la dieta y/o medicación, siguiendo un protocolo especial. Se consigue controlar la sintomatología rápidamente,  por lo que el paciente nota una gran mejoría, y es dado de alta para continuar tras el ingreso con su dieta terapéutica.

 

El paciente es evaluado mediante revisiones periódicas, y según la evolución clínica se realizan los cambios oportunos en la dieta terapéutica, que se pueden complementar con otros tratamientos si es preciso.

 

Unidad de Nutrición y Dietética

En la Unidad de Nutrición y Dietética trabajan nutricionistas con alto nivel de preparación y cualificación en el campo de las intolerancias alimentarias. Destaca de manera especial su especialización en la elaboración de dietas terapéuticas en pacientes con síndrome de histaminosis crónica. Estas dietas siempre son personalizadas atendiendo además a las circunstancias concretas del paciente (embarazadas, diabéticos, hipertensos, cirugía del aparato digestivo, alérgicos, obesos, etc), lo que conlleva un alto grado de complejidad. Para su ayuda disponen de las últimas herramientas  médicas y tecnológicas, como básculas médicas digitales homologadas para el control de peso y grasa corporal, o los más modernos programas informáticos para el análisis de la composición corporal y la supervisión en la elaboración de dietas. Se minimiza así la posibilidad de error en el tratamiento prescrito por el médico. 

 

Todos los pacientes tienen la posibilidad de estar permanentemente en contacto con la nutricionista acudiendo a la consulta y mediante el teléfono o el correo electrónico, lo que facilita el seguimiento correcto de los tratamientos dietéticos por parte de los pacientes, así como la resolución de las dudas que en cualquier momento puedan surgir.

 

En nuestra Unidad de Nutrición y Dietética se ha diseñado, para aquellos pacientes que quieren perder peso, un exclusivo protocolo donde los distintos tipos de dieta se adecúan a cada paciente, prestando especial interés, si fuera el caso, a sus posibles intolerancias alimentarias. Aspecto éste último fundamental para todo paciente que a pesar de hacer dieta o cuidar su alimentación, no puede perder peso.